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Se trata de un objeto cultural de primer orden, que informa acerca de las costumbres, las necesidades y la cosmovisión de una sociedad. En sentido técnico, el mueble es un instrumento cultural que permite a los seres humanos realizar una actividad o guardar reposo. Mesas, sillas, taburetes, divanes, sofás, se incluyen en la categoría. Su uso, diseño y carácter simbólico se ha ido sofisticando en la medida en que lo ha hecho la vida social. Desde las primeras culturas organizadas en torno a un Estado, hasta el despacho suntuoso o la choza más humilde, la convivencia de los hombres con estos elementos es estrecha. En el caso particular del mobiliario tradicional dominicano, una visión retrospectiva informa acerca del carácter de la sociedad dominicana y de los individuos que la conforman, al tiempo que permite realizar un interesante esfuerzo de prospección. Nuestra autóctona hamaca es una cama colgante y portátil hecha con fibras de un árbol del cual, se piensa, adopta el nombre. Se ataba a una columna de cada uno de sus dos extremos para que colgara de dos horcones que apuntalaban la choza de los aborígenes de estas tierras a la llegada de los europeos. Estos, a su vez, la difundieron por todo el mundo. En ese sentido, nuestra humilde hamaca fue uno de los primeros aportes dominicanos a la cultura universal. Desconocido hoy por la mayoría de los dominicanos, los taínos también elaboraron duhos, muebles ceremoniales que tenían forma de banqueta baja, hecha en piedra o en madera. De tallado zoomorfo, el duho era usado por los superiores sociales, políticos y religiosos en ciertas ceremonias antillanas, como la del ritual de la Cohoba. A partir del 12 de octubre de 1492, iniciada la conquista, los europeos debieron iniciar la fabricación de mobiliarios siguiendo los estilos europeos en boga. Así, la conquista constituye la bisagra en el trabajo y uso del mobiliario en estas tierras, y la misma da lugar a un proceso de sincretización o mezcla de técnicas, materiales y usos para servir a las necesidades de la nueva sociedad insular que se gestaba. No hay referencias relativas al mobiliario de los siglos XVII o XVIII en Santo Domingo, empero hay que tomar en cuenta el hecho de que durante ambos siglos, a partir de las Devastaciones, la isla, específicamente la parte española, quedó en estado de desamparo respecto de su metrópoli, y la vida material se tornó tan precaria que no debió dejar lugar para el desarrollo de una industria y un disfrute del mobiliario suntuoso.
Last Updated ( Thursday, 24 November 2011 15:10 )
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